El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos de Jaime Huenún: La porosa frontera de los recuerdos
Texto de presentación del libro El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos universitarios de Gaza, realizado el 3 de septiembre en el Auditorio LOM
Por Carolina Reyes Torres

Es interesante que el último libro del poeta Jaime Huenún Villa publicado por Lom Ediciones sea uno de crónicas, más específicamente como señala el propio autor en su introducción “memorias ficcionadas” (p7). En nuestra opinión el cuento, la poesía y la crónica, son parientes lejanos de una misma familia. En este contexto El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos ya se prefiguraba en la obra poética anterior de Huenún, así por ejemplo en uno de sus primeros libros Puerto Trakl, se puede otear la melancolía arrasadora que también está presente en el bar de Nueva Esperanza: “Este bar no es la morgue de los ángeles / ni el cementerio de los fantasiosos /[…] Nadie aquí tiene patria ahora […]” (Puerto Trakl 7)
Por lo que podemos entender en términos de tiempo cronológico, estas historias son vividas durante la infancia del narrador, si tomamos la decisión de vincular al hablante con nuestro poeta, rondamos los años 1977 al primer lustro de la década de los 80. Época que recuerdan nuestros mayores, algunos cercamos a lo que fue el proyecto de la Unidad Popular, como de las más oscuras y letales de la Dictadura Civil Militar de Pinochet. En el libro también se representa ese manto de desgracia pesadillesca que cubrió gran parte del país, así lo atestigua “Antiguamente” el sexto relato:
Al despertar, la resaca de los sobrevivientes era feroz, mientras en la tele los milicos de todas las ramas y raleas seguían desfilando al son de Erika, Lili Marlen o Yo tenía un camarada, pegajosas marchas de innegable tufillo nazi. Así los miembros de la Junta celebraban un año más de la lucha frontal contra el marxismo-leninismo, orgullosos de sus tanques franceses y de los aviones supersónicos que surcaban tronantes el cielo metropolitano (36)
En mi experiencia como escribiente de crónicas, una de las claves para un gran ejemplar de estas es que el lector, al enfrentarse al texto, se remita inmediatamente a su propia vivencia en torno al tópico que el autor explora y con este párrafo me resultó imposible desligarme de mi propio transito como niña en dictadura. Nuestra vida trataba de seguir adelante con el esfuerzo de nuestros padres, mientras transcurríamos el kínder, el primero básico, el segundo básico, pero como telón de fondo estaban ellos “La Junta” como una suerte de Día de la Marmota lúgubre y sangriento.

El bar en el sector de La Nueva Esperanza es un lugar axial dentro del volumen, muchas de las historias pasan allí o desde allí el narrador recuerda otros relatos. Hay algo de ese Sur, de esa frontera porosa de memorias, lugares y personas que nos evoca al género del Western estadounidense. Sobre todo esa clásica escena inaugural, hombres entrando a un bar de pueblo, el comienzo que siempre apertura algún tipo de complejidad en el guion de las historias de vaqueros. Eso sí, aquí no hay ningún John Wayne transmutado en Ethan Edwards que pueda salvar a su familia o la comunidad como en Centauros del Desierto. Podríamos pensar que uno de los protagonistas clave es el preadolescente mapuche-champurria que ayuda en el local familiar y graba para sí cada persona y situación, un albaceas de la remembranza social de esa frontera.
Los personajes que deambulan por estas páginas se representan con un marcado anti heroísmo lo que nos abre a la posibilidad de poder verlos sin concesiones pero al mismo tiempo con su humanidad. En todo el libro percibimos un tono de humor caustico, y como señala Magda Sepúlveda en su reseña para el texto: “posee la risa característica del que se mofa cuando la tragedia se le ha repetido ya demasiadas veces” (Sepúlveda). Así por ejemplo en “Ropa Vieja” vemos como Chabela Vargas Paichil matuteaba ropa de los colonos alemanes a la población de Nueva Esperanza. Armaba su propio chiringuito y podía de esta forma sacarle “ventolera” a esas prendas usadas, ofrecía sus productos en el bar mientras mantiene a raya a los que se quieran propasar con ella: “-¡¿Qué te pasa viejo culiao, viejo cacho e’ paragua!-espetaba cada vez que alguno se pasaba para la punta” (p23). Yo agrego, en tierra de hombres nada como cuestionar su frágil masculinidad para mantenerse a salvo.
Existe un interesante punto de fuga dentro del libro y lo podemos ver en el relato “El amor inolvidable del “Biónico” Zapata”, aquí un mecánico sureño luego de años de estar en un matrimonio por obligación, en sus viajes hacia Santiago en búsqueda de repuestos de automóviles y visitar prostíbulos conoce a Marisa. Una bella joven con la que pasa una noche inolvidable, para solo desbarrancar -al otro día- en la resaca moral de darse cuenta que Marisa era un chico joven. El asunto clave de esta crónica es lo que relata el propio Biónico al adolescente que atiende el bar familiar donde el mecánico concurre: “-Me enamoré, Jaimito- me confidencio-; me enamoré de una cabra santiaguina que quiere vivir conmigo” (p26). Zapata hace un gesto completamente alejado de las conductas que podemos suponer de una Osorno setentera; se va en búsqueda del amor de Marisa a Santiago, eso sí, abandona a su familia en el sur y son sus hijos los que sufren el comidillo del pueblo por el accionar de su padre. Se vuelve a representar esta idea de la opresión moral de los pueblos versus las libertades que puede ofrecer la Capital.
En esta frontera osornina también es posible ver cuál es la relación que se tiene con esas comunidades de alemanes trasplantados al sur de Chile. En “Studebaker Commander” observamos como una abuela mapuche y su nieto pequeño son echados de un lugar mientras cosechan moras. El supuesto dueño utiliza a sus perros ovejeros como armas en contra del niño y su abuela. Cuando están a punto de alcanzar a la anciana, el hombre de los perros da un silbido y ellos se devuelven al auto modelo Studebaker Commander. El ataque con estos animales solo nos hace acordar el uso que hacían de ellos los nazis.
Algo que volvemos a encontrar en el relato “Temófila”, aquí aparece la voz de un alemán que en un primer momento sabemos que se llama Juan Keller y decide adoptar a la hija de su empleada doméstica, puesto que su esposa Helga tiene problemas de fertilidad. A muy poco de lectura entendemos el pasado oscurísimo que posee Keller. La nueva hija de Helga es reclamada de forma pública por lo abuela mapuche de ésta. Juan, que es propietario de tierras y ha mejorado económicamente en el sur, reflexiona qué hacer con la mujer que reclama por su nieta: “Fue después del cuarto o quinto de sus escándalos que decidí tomar el toro por las astas. Como tantas otras veces en mi vida, debí aceptar que la única salida era una precisa y discreta solución final” (p76). Una frialdad en el raciocinio que ya fue prefigurada en los poemarios de Huenún particularmente en Reducciones (2012) en especifico en la sección “Cuatro Cantos Funerarios” en donde hablan los científicos europeos que investigaron a las comunidades indígenas vivas y muertas en el sur de Chile y Argentina. Sobresale Hans Virchow con un comentario demoledor en su forma de creer en la clasificación humana: “HE DISECADO MUCHOS CADAVERES / Y NUNCA HE ENCONTRADO UN ALMA” (p73). Entendemos que la frialdad de Keller es producto de su pasado nazi, pero también creemos que la insensibilidad de Keller es el resultado de una historia de colonialismo que supera, con creces, el periodo de Hitler en el poder en Alemania y se extiende hasta nuestros días.

El libro en términos de forma en su interior se complementa con los dibujos a acuarela de Rosario Muñoz y el autor ha decido que tres de sus crónicas cuenten con su versión en mapudungun realizadas por Nevenca Cerna Cayullan, de esta forma el volumen físicamente también dialoga con otras maneras de narrar, las visuales y decide acompañar los relatos en español con traducciones a la lengua de los mapuche, otra manera de contar sus memorias.
El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos es una galería de historias y personajes que representan esa frontera sureña porosa en contactos sociales y recuerdos. Se nos muestra una comunidad tensionada por el contexto histórico dictatorial, por la pobreza acuciante, por las diferencias de clase, por el racismo que subyace en varios de los relatos y por la complejidad de las relaciones humanas, algo que también nos hace emparentarnos como lectores cuando miramos a Osorno por esa ventana que nos ofrece, de forma magistral, uno de sus hijos ilustres: el poeta Jaime Huenún.
Bibliografía
Huenún Villa, Jaime. Puerto Trakl. LOM Ediciones, 2001.
Huenún Villa, Jaime. Reducciones. LOM Ediciones, 2012.
Huenún Villa, Jaime. El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos. LOM Ediciones, 2026.
Sepúlveda Eriz, Magda. "Memorias, humor y desvergüenza en el último libro de Jaime Huenún". El Mostrador, 11 jul. 2026, https://www.elmostrador.cl/cultura/critica-opinion/2026/07/11/memorias-humor-y-desverguenza-en-el-ultimo-libro-de-jaime-huenun/.