Nombrar lo silenciado
Por Hugo Rojas
Académico de la Universidad Alberto Hurtado e Investigador de Nuestra MemorIA
(Intervención en el lanzamiento del libro Plan Cóndor: Viejos secretos y nuevos hallazgos, de Francesca Lessa y Sebastián Santana)

Quisiera comenzar agradeciendo sinceramente la invitación a presentar el libro Plan Cóndor: viejos secretos y nuevos hallazgos. Me permito compartir siete reflexiones en torno a este libro, que es, al mismo tiempo, una contribución académica de primer orden y una experiencia intelectual y sensible profundamente conmovedora.
1. El formato: un conocimiento que también se mira y se siente
Este no es solo un libro para ser leído: es un libro para ser contemplado. Los textos dialogan permanentemente con las ilustraciones, y ese diálogo amplifica la experiencia del lector. La dimensión estética no es un adorno; es parte constitutiva de la transmisión del conocimiento. Aquí, la emoción no compite con el rigor, sino que lo intensifica.
El uso deliberado del blanco y negro es especialmente elocuente. No hay necesidad de colores: la historia que se narra es suficientemente densa y grave. Cada capítulo tiene su propia identidad visual, su propia portada, lo que rompe la monotonía y mantiene al lector en un estado de atención activa. El libro permite, y exige, pausas, silencios, detenciones.
Permítanme detenerme en la última ilustración. Dos mujeres mayores caminan abrazadas. Una lleva un bastón; la otra sonríe. Portan el rostro de alguien ausente. Es una imagen de búsqueda, pero también de persistencia; de fragilidad y de fuerza. Esa ilustración condensa décadas de lucha, de búsqueda, de amor y de memoria. Tiene una potencia simbólica enorme, que podría incluso trascender el libro y dialogar con otros espacios públicos de memoria, si así se estimara pertinente.
2. El subtítulo: una clave interpretativa
El subtítulo, Viejos secretos, nuevos hallazgos, es particularmente acertado. Nombra una tensión fundamental: hechos ocurridos hace medio siglo, cuidadosamente ocultados por aparatos estatales transnacionales, que solo muy lentamente han ido siendo develados.
El propio libro explica, hacia el final, cómo ese proceso de descubrimiento ha sido posible. Hasta septiembre de 2025 existían ya cincuenta causas penales sobre el Plan Cóndor en tribunales de nueve países. Pero lo más relevante no es la cifra, sino lo que ella representa: la perseverancia de sobrevivientes, familiares, activistas, periodistas, abogados, jueces y académicos que, cruzando fronteras y superando obstáculos enormes, lograron construir verdad judicial allí donde reinó el secreto y la impunidad. El libro reconoce explícitamente esa dimensión colectiva de la justicia.

3. El contenido: sistematizar lo disperso, nombrar lo silenciado
Uno de los grandes méritos de esta obra es que logra ordenar y hacer inteligible una masa documental prácticamente inabarcable. Por ejemplo, hay procesos judiciales que superan las cien mil páginas; archivos dispersos en múltiples países; registros fragmentados y, muchas veces, deliberadamente opacos. La sistematización de esa información es hoy uno de los grandes desafíos de los procesos de justicia transicional.
En ese contexto, el libro dialoga inteligentemente con nuestro presente. Por ejemplo, ahora las nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, pueden colaborar en la organización y validación de la información, sin reemplazar, y esto es clave, el juicio humano, la interpretación crítica y la responsabilidad ética.
Asimismo, la obra acierta al combinar análisis estructural con relatos concretos. Aquí no hay abstracciones vacías: hay nombres, trayectorias, víctimas, perpetradores y colaboradores civiles. El libro no solo informa; también socializa la verdad. Es, al mismo tiempo, un homenaje a las víctimas y una condena pública a los responsables. Casos como el del abogado Ambrosio Rodríguez, que traicionó a sus propios clientes para colaborar con la impunidad estatal, muestran que el terrorismo de Estado no operó solo con uniformes, sino también con trajes y credenciales profesionales.
4. El lugar del lanzamiento: el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos
Que este libro se presente en Santiago en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos no es un detalle logístico: es una afirmación política y ética. Este museo es una institución de relevancia nacional e internacional, y representa una conquista democrática que debemos cuidar, proteger y fortalecer, especialmente en tiempos inciertos.
5. La editorial: una trayectoria coherente
Lom Ediciones fue creada junto con la recuperación de la democracia a comienzos de 1990 y nos ha acompañado, con coherencia y valentía, en esta larga e inconclusa transición democrática. Es una editorial que innova, que apuesta por el pensamiento crítico y que ha sido un actor clave en la difusión de los derechos humanos en Chile. Con más de 1400 libros publicados, le debemos mucho a Lom. Gracias Silvia Aguilera y Paulo Slachevsky. Aprovecho de expresarles mi admiración. Ustedes inciden y están dejando huellas profundas en nuestra sociedad.
Esta edición, además, es más amable que la versión uruguaya: su formato libera las manos, invita a la lectura prolongada, y mejora incluso la experiencia corporal del lector. El tamaño del libro permite que uno lo pueda abrir, soltar y dejar reposar.
6. La audiencia: ampliar el círculo de la memoria
Este libro llegará a públicos más amplios que los habituales textos académicos clásicos, y eso es una virtud enorme. Permite que más personas, en especial estudiantes secundarios, comprendan qué fue el Plan Cóndor, cómo operó y por qué ha sido tan difícil sancionar los crímenes de lesa humanidad. Democratiza el acceso al conocimiento sin sacrificar complejidad.
Invito a quienes quieran profundizar en el tema a leer el libro Los Juicios del Cóndor, de Francesca Lessa, que también fue presentado en el auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

7. El momento histórico: una advertencia necesaria
El Plan Cóndor se constituyó formalmente en Santiago el 25 de noviembre de 1975, hace cincuenta años, el día del cumpleaños de Pinochet. No es un dato anecdótico.
Hoy, cuando autoridades electas evitan la palabra “dictadura”, reivindican abiertamente a Pinochet y buscan resignificar ese pasado, este libro adquiere una relevancia política ineludible. A partir del 11 de marzo de 2026, esta obra nos va a acompañar en la resistencia democrática frente al negacionismo y en las batallas culturales que, lamentablemente, se avecinan.
El cuestionamiento sistemático de la derecha a la institucionalidad de derechos humanos, al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, al Instituto Nacional de Derechos Humanos, a la Subsecretaría de Derechos Humanos, y la impugnación de valores ampliamente compartidos en la sociedad chilena no son hechos aislados ni inocentes. Configuran un proyecto político claro, que apela a lógicas de los estados de excepción, autoritarismo y democracia protegida.
Frente a ello, será indispensable organizarnos democráticamente, dentro del Estado de Derecho, utilizando todos los mecanismos de control institucional disponibles, defendiendo sin ambigüedades los derechos humanos, las libertades y los avances institucionales que tanto ha costado construir en estos 35 años de transición.
Este libro es también una advertencia: cuidado con autoridades y funcionarios de extrema derecha que podrían utilizar el espionaje, la delación y la persecución ideológica. La historia que aquí se documenta no es solo pasado. Es una interpelación directa a nuestro presente y a nuestro futuro.
Por todo ello, este no es solo un libro para leer. Es un libro para acompañarnos. Para alertarnos. Y para recordarnos que la memoria, cuando es rigurosa y valiente, sigue siendo una forma esencial de resistencia democrática.