Sobre el documento "National Security Strategy of the United States of America" (Segunda parte)

Por Grínor Rojo

Respecto del Oriente Medio, se admite que el conflicto subsiste, pero atenuado gracias a las sabias acciones del presidente Trump. El documento se congratula observando el Oriente Medio “emerger como un lugar de asociación, amistad e inversión” (p. 28). Trump habría cimentado para eso la alianza de Estados Unidos con Israel y lo emiratos del Golfo y neutralizado el peligro de Irán y de Siria.

Sobre África, el racismo queda de nuevo a la vista sin tapaderas. No le interesan a este documento los africanos, no le interesa la colaboración que se les pueda ofrecer para dar impulso en sus países a un desarrollo autónomo y exitoso; lo que le interesa a Estados Unidos es el territorio y sus recursos, es decir África como el continente que vieron los exploradores del siglo XIX, los Cook, los Livingstone, los Burton y compañía. Concretamente, el documento apunta a “países seleccionados” del África como sus objetivos preferentes, aquellos que abrirán sus mercados a los bienes y servicios de Estados Unidos y permitirán “la transición desde un paradigma de ayuda exterior a uno de inversión y crecimiento, capaz de obtener provecho de los recursos naturales abundantes, de su potencial económico latente” (p. 29). Además, Estados Unidos debe mantenerse atento al resurgimiento islamista en África, pero “evitando cualquier presencia o compromiso a largo plazo” (Ibid.). En otras palabras: Estados Unidos quiere sacar las castañas en África, pero sacarlas con la mano del gato

Y, en fin, en lo que a nosotros nos toca, a los latinoamericanos, la estrategia no es muy diferente. El documento asume el imperialismo como lo que es, encomendándose en nuestro caso a la doctrina Monroe, de 1823, la de “America for the Americans”, y entendiéndola como los latinoamericanos la hemos entendido toda la vida, pero esta vez poniéndole nombre propio y valorando sus alcances: “Después de años de descuido, Estados Unidos reafirmará y reforzará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y para proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave a través de la región. Les negaremos a los competidores no-hemisféricos su habilidad para posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o adueñarse o controlar espacios vitales estratégicamente en nuestro Hemisferio. Este Corolario Trump a la Doctrina Monroe es de sentido común y es una restauración potente del poder y las prioridades estadounidenses, consistentes con sus intereses de seguridad” (p. 15). No puedo abstenerme de subrayar en este punto la congruencia estricta que tienen estas palabras con lo que está sucediendo ahora mismo en el Caribe.

América para Estados Unidos, entonces habiéndosele agregado a la arrogancia monroista el corolario Trump de contención de la influencia de los chinos donde sea y como sea. En cuanto a la aplicación de la estrategia, esta consistirá en un doble juego de “enroll and expand”, reclutar y expandir. Reclutar gobiernos y políticos cooperadores, y expandir, poniendo así en efecto una política de zanahoria y garrote, zanahoria para aquellos que se portan bien, y garrote con los que desobedecen (sanciones económicas principal, aunque no exclusivamente, y entre las cuales la favorita es la manipulación de aranceles). 

Con eso se busca detener la migración al norte, combatir el narcotráfico, contener a los chinos, pero, además, de suma importancia, conseguir chipe libre para que las compañías estadounidenses que explotan recursos naturales en América Latina se instalen a sus anchas y profiten, mientras que a su gobierno se le otorgan localizaciones “clave” desde el punto de vista estratégico-militar. Leí hace poco un artículo de un señor Bustamante, quien afirma que “para Washington la región simplemente no representa un desafío estratégico que amerite elaboración doctrinal” y que en el documento “Latinoamérica es simplemente invisible”, y no deja de tener una pizca de razón. Pero no por lo que él señala, pues la base doctrinal ya está ahí y es, como dije, la que firma el dúo Monroe-Trump, en tanto que la invisibilidad no es otra que la que resulta de una subordinación obsecuente del servidor a su amo.

Finalmente, lo que la National Security Strategy of the United States of America no dice por obnubilación ideológica. 

La National Security Strategy no reconoce que lo que hoy está en un mal pie histórico no es únicamente Estados Unidos, al menos el país que sacó pecho después de la Segunda Guerra Mundial, sino el orden capitalista en el mundo. En el texto esto es algo que no se reconoce ni se oculta, porque no se lo capta, aunque brille por su ausencia. Me refiero a la realidad de la ineptitud del capitalismo para lidiar con el desarrollo contemporáneo de las fuerzas productivas y su casi increíble capacidad de denegación. 

Un buen ejemplo en este sentido es la doble negativa de Trump, y de la que su National Security Strategy se hace eco, a aceptar la realidad de la crisis climática, y junto con ello la inevitabilidad del reemplazo de las energías fósiles por energías limpias y renovables. Negarse a estas dos cuestiones es de un terraplanismo que puede dejarnos con la boca abierta, que puede parecernos de una ignorancia y/o una estupidez monumental, pero al que es preferible describir como ceguera ideológica. Es negarse a la realidad de lo obvio, que es la certeza de miles de científicos en todo el mundo y aún del ciudadano común, y es negarse también a los hechos, los que nos enseñan que las energías limpias no son solo las más saludables (la justificación blanda para el abandono de las fósiles), sino que también son las más abundantes y baratas (la justificación económica). ¿Por qué extrañarnos entonces de que sean los grandes inversionistas del rubro energético, supuestamente amigos de Trump y compañía, los que están moviendo su dinero en esta dirección? Saben ellos muy bien que apostar a estas alturas a una reactivación de las energías fósiles es apostar a un caballo viejo y débil, es vitaminizar, por una testaruda obnubilación ideológica, un organismo desgastado. Sí, yo me doy cuenta de que lo que está por detrás es la defensa de los intereses de algunas (no de todas) las transnacionales, las petroleras en primer lugar, pero aun así y sabiendo cómo funciona la ideología, me cuesta entender este darle la espalda a la evidencia factual.

El otro asunto en que la ceguera ideológica resulta ostensible es el que tiene que ver con las migraciones. Proclamar que “la era de las migraciones masivas” terminó es wishful thinking. Las migraciones no son un fenómeno inmotivado y ni siquiera son un fenómeno al que se puede explicar por la esperanza de seguridad y mejor vida que el migrante imagina que va a tener en un país con mayor desarrollo que el de su nacimiento. La causa profunda de las migraciones no está en ese final soñado sino en los comienzos calamitosos. Son los descalabros que genera el capitalismo internacional, sobre todo el contemporáneo, los que obligan a esa gente a irse de sus países de origen. Las cifras están disponibles y no mienten, se las puede consultar sin problemas. Globalmente, desde hace treinta años, según se lee en el último informe del World Inequality Lab, los ricos vienen incrementando su riqueza y los pobres su pobreza. Hoy el 0,001 por ciento de la población del mundo, compuesto por menos de sesenta mil personas, triplican en riqueza a la mitad de la humanidad y sus haberes han crecido en un 8 por ciento anual desde los años noventa. Que este perjuicio no es parejo, que es mucho peor en los países pobres, ni qué decirse tiene.

Esta es pues la tendencia dominante: un aumento progresivo de la desigualdad en el mundo, peor entre los más débiles, y que no tiene visos de extinguirse mientras las cosas se mantengan como están. Y, como ya lo dije, lo es todavía más cuando el capitalismo internacional se encuentra abocado a una campaña de salvataje que se basa en una ampliación e intensificación de lo mismo que ha hecho desde siempre. ¿Cómo proclamar, en estas condiciones, el fin de la era de las migraciones masivas? Escribí arriba que ese era wishful thinking. Usé mal las palabras, porque la verdad es que es ideología, pura y simple, es decir que es ignorancia, inconsciente (los que no saben y lo hacen) o cínica (los que sí saben, pero piensan que no hay otra alternativa). La mantención del sistema, y sobre todo los esfuerzos que se están haciendo para que este se recupere, aun cuando pudieran ser exitosos en ciertos aspectos, en la mayor parte agravan sus males. Y no otro es el caso de las migraciones. Las operaciones del sistema capitalista actual no las suprimen, las agudizan y aumentan. 

Pero la política económica que, como la de la National Security Strategy, opera a partir de la presunción de que el enriquecimiento de los empresarios va a redundar en el mejoramiento de las vidas de los trabajadores, es un embuste no solo para los migrantes que sueñas con el “Ameran dream”, sino para todos los estadounidenses. El documento que acabo de comentar calla los datos que no se ajustan a sus presupuestos ideológicos. No dice en ninguna parte que en 2025 Estados Unidos es el país más endeudado del planeta, que su deuda pública es de 35.837.858 millones de dólares, que esa deuda equivale al 120.8 por ciento de su PIB y que creció en 2.305.939 millones desde 2023 (la Oficina Presupuestaria del Congreso anticipa por su parte un crecimiento del 156 por ciento del PIB para 2055), mientras que la capacidad adquisitiva de la población desciende sin parar, el desempleo crece y el número de pobres se eleva hasta llegar al 10,6 por ciento, según algunos cálculos, y según otros, hasta el 12.9 por ciento. Agréguese que la “pobreza profunda”, la de los miserables que se encuentran por debajo del 50 por ciento oficial de pobreza, la experimentan en Estados Unidos, en estos mismos momentos, 18 millones de personas dentro de un total de 340 millones. Es decir que estamos hablando de un país al que Trump describe a menudo como entrando en una nueva “Edad de Oro”, pero en el que el 5,3 por ciento de la población está durmiendo en la calle.