Astillas de un mismo palo: No sólo es la repetición un signo de mediocridad, también es un indicio de pusilanimidad

Por Grínor Rojo
Sí, yo estoy de acuerdo, la repetición es poco y nada productiva. No innova, favorece la mantención de lo que existe. Pero, claro, el que repite lo hace porque es más fácil y porque lo hace sentirse más seguro: si lo que él está haciendo es algo que se hizo antes, repetirlo no le va a costar mucho y no lo va a dejar expuesto a las amarguras de la equivocación. No sólo es la repetición un signo de mediocridad, también es un indicio de pusilanimidad. Repite el que no quiere innovar o porque no tiene el talento para hacerlo o porque tiene miedo de las consecuencias.
Digo lo anterior, porque me parece evidente que el nuevo gobierno chileno está copiando desvergonzadamente al gobierno estadounidense de Donald Trump. Que sus partidarios se autodescriban como “nacionalistas” y “patriotas” es cada vez más una alharaca risible. Uno puede imaginarse a unos funcionarios afanosos en La Moneda, tomando nota de todo cuanto se hace en “el gran país del norte” y a otros rompiéndose la cabeza para encontrar la manera de “traer” esas maravillas al medio local. ¿Será uno más de nuestros esfuerzos sempiternos para ser como ellos? Con la advertencia de que podrían ser más, doy a continuación una docena de “coincidencias”.
Primero, la instalación del terror en las elecciones presidenciales respectivas (1). El narcotráfico y los narcotraficantes fueron el foco específico donde se centralizó el sentimiento de pánico en la población de los dos países, aunque ese era un foco que podía apuntar, y apuntó al cabo, más lejos. Para Trump, la guerra contra los carteles fue una promesa de campaña, los acusó de terrorismo y se comprometió a combatirlos militarmente. Con posterioridad a su elección, los ha perseguido, tal como dijo que lo haría, pero no es menos verdad que está aprovechando esa “guerra” como una excusa para perseguir a sus enemigos. Internamente, invadiendo las ciudades donde la mayoría le es adversa, por ejemplo Washington DC, donde la delincuencia estaba, según fueron sus palabras, “fuera de control”, y externamente, secuestrando al venezolano Maduro por ser el cabecilla del cartel de Los Soles o bombardeando lanchas en El Caribe y en El Pacífico, las que supuestamente viajaban cargadas con fentanilo, pero sin exhibir ninguna prueba de que eso era así y con el agravante de que, aun siendo así, en un mundo civilizado no se asesina a los delincuentes sin juicio.

En Chile, en el primer “eje” de su programa de candidato a la presidencia, José Antonio Kast prometió una “lucha frontal” contra “el Terrorismo, el Narcotráfico y la Delincuencia”, así, con la primera letra escrita en mayúscula, fortaleciendo (el programa de Kast usa el verbo “liberar”, “liberando”, ¿de qué, del respeto que se les exige tener a los uniformados por los derechos humanos?) a las “Fuerzas Policiales” y enviando donde y cuando fuese necesario a las “Fuerzas Militares”, en particular a la región de la Araucanía (para el candidato la “Macrozona Sur” del país), la que, según anunciaba, durante su gobierno se mantendría en “Estado de excepción”, pero habiéndose redefinido la “excepción” como la respuesta de la autoridad al “terrorismo” y reforzado el cumplimiento de las acciones represoras con un incremento del poder de fuego.
En segundo lugar, también en ambos casos, anoto la personalización de la delincuencia en un grupo social minoritario de la población, de preferencia étnicamente distinto de la mayoría nacional, compuesto por sujetos inmigrantes o pertenecientes a la primera generación de familias de inmigrantes y, sobre todo, por sujetos no-blancos (2). Es un viejo recurso fascista, el mismo que usaron los nazis contra los judíos, y al respecto haré aquí solo dos observaciones: la primera es para destacar el racismo enquistado que le sirve como su sucia base de apoyo. El recurso funciona bien porque se lo planta en terreno abonado; la segunda, para apuntar a la necesidad que tienen los gobiernos autoritarios de un “enemigo” contra el cual dirigir la frustración popular, acusándolo de perjudicar a los “nacionales”, a los que los “extranjeros” les estarían robando sus mujeres y trabajos, y cuya persecución justifica la suspensión de derechos tanto como la aplicación de medidas coercitivas severas a la población en su conjunto. El racismo de Trump no hay que buscarlo con lupa: ha dicho que los países africanos son unos “hoyos de mierda”, que por qué unos congresistas que lo critican, que son estadounidenses o descendientes de inmigrantes, no se vuelven a sus países de origen (“odian a nuestro país, si no son felices aquí, pueden irse. Pueden irse ahora mismo”) y ha puesto en su red social un “post” de los Obama caricaturizados como monos.
De Kast, no parece haber constancia de excesos que sean comparables a los de su maestro, pero su ninguna simpatía por los mapuches es cosa sabida, aflora en varias páginas de su programa de candidato y está materializándose una y otra vez en las acciones de su gobierno. El intento de derogar la ley lafkenche es un ejemplo preclaro. Respecto a la selección de un grupo social minoritario como el enemigo de turno, esta es una apelación a la xenofobia estructural chilena, quiero decir que es un aprovechamiento abyecto de la intolerancia incrustada. Como quiera que sea, para los dos mandatarios el “otro” no-nacional y no-blanco es un otro execrable.
Puede parecer anecdótico, pero creo pertinente añadir a lo que ya señalé una mención acerca de las varias construcciones para bloquearles el paso a los indeseables en las fronteras respectivas (3). En USA, en la frontera con México, un muro de fierro de casi cuatrocientos kilómetros, y en Chile, en la frontera norte, la construcción de zanjas, muros, cercos perimetrales y torres de vigilancia, así como la creación de centros de internación para inmigrantes ilegales. Todos los expertos lo dicen, que artificios como esos no son eficientes, por lo que no se justifica la inversión; sirven para otra cosa, sin embargo, para influir en las decisiones del electorado. Constituyen una demostración visible de que ahora hay un macho peludo en el sillón presidencial, uno al que “no le tiembla la mano” en el combate contra los malhechores. Trump y Kast hablan lenguas distintas, pero el significado es el mismo. El muro de Trump y la zanja y demás juguetes de Kast son intercambiables.

En este mismo marco, creo que debemos leer las actividades de caza y expulsión de los indeseables (4). Principal preocupación de Trump, quien está usando una fuerza paramilitar para tales efectos, los del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y los de la Patrulla Fronteriza, que cuentan ya con varios muertos entre sus empeños. Una promesa similar la hizo Kast hace ya un largo rato. No va a crear Kast una fuerza especial para la realización de estas tareas, pero va a darles una libertad máxima para reprimir a los carabineros y a los militares (5), nombrando además a un “Comisionado para la Macrozona Norte”, replica chilena del “Zar de la Frontera” de Trump (6). El nombre de la iniciativa chilena (?) es, ¡oh sorpresa!, operación “Escudo Fronterizo”, que es una copia de “Shield of the Americas”, el nombre que le dio Trump a la coalición militar que él mismo les propuso hace un mes a una colección de presidentes latinoamericanos que le juraron lealtad (7), Kast entre ellos. Les dijo que lo que les estaba proponiendo era una solución para acabar con el narcotráfico, aunque en realidad es una artimaña que le dará a Estados Unidos chipe libre para entrar en nuestras tierras militarmente cuando y como se le dé la gana.
Sigo ahora con la estrategia de instalación de los dos gobiernos, que pasa por hacer daño, pero cubriéndose siempre las espaldas, acusando al gobierno anterior de ser el causante de las medidas impopulares que se implementan y las que no serían sino una consecuencia indeseada del desastre que los gobernantes previos dejaron detrás suyo (8). Biden, en Estados Unidos, Boric, en Chile. Por ejemplo, la reducción del personal de un Estado hiperinflado (en Estados Unidos el artífice de la “limpieza” fue el inefable Elon Musk), la reducción de presupuesto o el retiro de iniciativas que involucran gasto público --entre otras no menos importantes, en cultura, en educación y en la preservación de los sitios que honran la memoria de los asesinados por Pinochet--, la disminución de impuestos a las grandes empresas (del 27% al 23%), el retiro de la Contraloría del proyecto de negociación ramal que habría beneficiado a los trabajadores en su pulso con los empresarios, la detención de 43 decretos supremos de regulación ambiental que ya se hallaban en trámite, el debilitamiento del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), etc. Todas estas son medidas impopulares, que perjudican al pueblo, pero que quien las toma está sacando las castañas con la mano del gato, cuando aclara que eso él lo lleva a cabo con lágrimas en los ojos, obligado por la terrible calamidad que heredó.
Insisto en algo que ya mencioné: la tirria de Trump y de Kast por los esfuerzos de contención de los efectos del cambio climático y de protección del medio ambiente (9). Trump ha dicho en público que el cambio climático es un “hoax”, un bulo, una estafa (lo dijo hasta en su discurso en las Naciones Unidas: “En mi opinión, es la peor estafa jamás perpetrada contra el mundo”). En cuanto a Kast, agrego que, entre las 42 medidas iniciales de desregulación ambiental a las que arriba me referí, se cuentan varias que desregulan la protección de ciertas especies de la fauna chilena que están en peligro de extinción y, horror de horrores, anulan el impedimento de explotar “productivamente” los parques nacionales.
Ahora bien, la verbalización de la estrategia reaccionaria se hace en ambos países recurriendo al infundio según el cual lo que ellos los ultras recibieron es un país “quebrado”, y eso es falso de falsedad absoluta y, en el plano económico, ha sido desmentido por los profesionales de mayor estatura académica en Estados Unidos y en Chile (10). Después de la crisis económica global que generó la pandemia, los números de Biden (PIB, 3,2%; inflación, 3%; desempleo, 4,0%; crecimiento, 3,56%) y de Boric (PIB, 2,5%; inflación, 3%; desempleo 8,3%; crecimiento, 2%) no son espectaculares, pero son decentes y, en algunos aspectos encomiables. En Chile, yo destaco la ley de las cuarenta horas semanales de trabajo y la reforma de la legislación sobre los salarios de los pensionados.
Nada indica que Trump, con sus locuras de promotor inmobiliario y una guerra tanto o más onerosa que las de Vietnam, Afganistan e Irak*, y Kast, que copia al pie de la letra las políticas de su gurú, vayan a hacerlo mejor que sus predecesores. Por consiguiente, afirmar que los legados de Biden y Boric son catastróficos es una falacia insostenible, con la que se intenta parchar la herida antes de que salga la sangre, desviando las críticas que suscitan las acciones de los gobiernos actuales, retrotrayéndolas en dirección al adversario y con el propósito de desacreditarlo. Burdo, sí, pero muy gratificante.
Y algo más: anoto ahora la activación de una política comunicacional que anonada (11), a menudo embustera, centrada en la inundación del campo perceptual del receptor (“flood the zone”, en inglés; “copar la agenda”, en español), de manera tal que la abundancia de ítems y la rapidez del disparo obstaculicen el ver con claridad lo que está sucediendo. Trump emitió 41 decretos en su primer día de gobierno, relativos a la situación en la frontera de USA con México, a la cuestión energética, un indulto general para los asaltantes del Capitolio durante la intentona golpista del 6 de enero del 2021, otro para retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático y uno más para salirse de la Organización Mundial de la Salud, entre otros asuntos de parecida envergadura. Kast no ha llegado a tanto, es cierto, pero tampoco lo hace tan mal: los 43 decretos anti-medioambiente que ya se encontraban en trámite en la Contraloría y que él sacó de allí el 12 de marzo son una prueba palpable de su celo copión. Como Trump, prioriza Kast la salud de la economía por sobre la salud de las personas. Todo ello con una actividad comunicacional que no cesa y cuyo objetivo es demostrar que se está trabajando día y noche y sin darle tiempo ni a los ciudadanos ni al Congreso para procesar mínimamente la andanada.

Por último, incluyo la práctica del indulto presidencial, ese absurdo residuo del poderío de los reyes absolutos (12). Hablé en el párrafo anterior de las 41 órdenes ejecutivas de Trump en su primer día de trabajo. Una de ellas fue el indulto a cerca de 1600 condenados por participar en el asalto al Capitolio en enero de 2021, entre ellos varios criminales con prontuario y la explicación fue que se trataba de “patriotas” que se habían dejado llevar por su encomiable fervor. De Kast, sabemos que tienen en carpeta 700 y tantos indultos, a reos de la tercera edad, unos viejitos enfermos e inofensivos que es mejor que se vayan a sus casas. Pero eso no es más que hipocresía, porque los viejitos en cuestión son prioritariamente los inquilinos de Punta Peuco, uno de los cuales es el torturador y asesino Miguel Krassnoff, quien acumula en su cuenta, si es que el número no ha vuelto a subir, condenas por más de mil años de reclusión carcelaria.
Como dije al principio, repetir es más fácil y más seguro que innovar. Es más fácil y más seguro que pensar por cuenta propia. En el colegio, yo me acuerdo que había unos que eran los “copiones” y a esos no les faltaban los adeptos, los fascinados por su destreza en la práctica de conseguir buenas notas copiando, pero también estaban los que los despreciaban por su manifiesta mediocridad para pensar y crear. Los copiones están ahora a cargo de nuestro país. Ubican un modelo y tratan de replicarlo hasta donde más pueden, con fe de carboneros. ¿No se enteraron los chilenos del paupérrimo record parlamentario de José Antonio Kast durante los dieciséis años que cobró sueldo en la Cámara? ¿Estamos listos para sufrir esa misma dosis de mediocridad en La Moneda durante los próximos cuatro años?
* “La economía del gigante norteamericano creció apenas la mitad de lo esperado en el cuarto trimestre de 2025. El producto interior bruto [PIB] creció en un 0,4% en el cuarto trimestre de 2025 con respecto al tercero, mientras que la economía estadounidense se expandió un 1,4% a ritmo anualizado, lo que refleja una fuerte desaceleración después del aumento de 4,4 registrado en el período anterior”. El Mercurio, 28 de marzo de 2026.