Las cenizas de Noviembre: cuando la ficción interpela la realidad

Texto leído en el lanzamiento del libro, martes 28 de abril en el Auditorio LOM.

Desde el blog de LOM, abrimos este espacio de lectura y reflexión en torno a Las cenizas de Noviembre de Cristián Orellana, una novela que no sólo construye una trama, sino que propone —desde su propia arquitectura narrativa— un ejercicio urgente: el diálogo. En tiempos donde las certezas se tensionan y los relatos se fragmentan, esta obra se instala como un territorio donde las preguntas importan más que las respuestas.

La presentación que compartimos a continuación se adentra en las múltiples capas del libro, recorriendo tanto su dimensión literaria como los conflictos sociales, políticos y simbólicos que lo atraviesan. Desde las disputas por el patrimonio hasta el rol de las instituciones, pasando por las huellas del estallido social y la complejidad de sus personajes, este texto nos invita a leer la novela como un espejo incómodo —pero necesario— de nuestra historia reciente.

Les invitamos a leer esta presentación y a sumergirse en una novela que, más que cerrar sentidos, los expande. Porque si algo nos recuerda este libro —y este texto— es que comprender lo que nos pasa exige detenernos, escuchar y, sobre todo, seguir preguntando.

Las cenizas de Noviembre: cuando la ficción interpela la realidad

Por Ximena Chong es abogada y Fiscal Adjunta Jefa de la Fiscalía de Delitos de Alta Complejidad Centro Norte. 

Dada la temática que aborda esta novela, este necesario diálogo, se extiende no sólo a los personajes y sus estructuras, sino también al contexto histórico en el que se desarrolla la trama. 

Si entendemos que el dialogo es [como nos dice Alfredo Zamudio]: una forma de comunicación que ofrece el tiempo y espacio para que las personas puedan [podamos] mostrar la complejidad de sus [nuestras] respectivas realidades, el que la obra lo intencione, habla justamente de la profundidad y sutileza de la textura narrativa de este trabajo. 

Me detendré en dos grandes NUDOS que -como lectora- pude percibir. 

(1)    El patrimonio como terreno en disputa [dónde soy una advenediza];  y 
(2)    El rol de los operadores de justicia [mi zona de confort].

Esta novela [breve y ágil para el lector] explora varias capas de nuestro raleado tejido social: el miedo, la desconfianza, la rabia, el feminismo, el orden, la ambición, y el patrimonio y lo monumental en un medio urbano del cual nos vamos desapegando.

Las manifestaciones que se sucedieron a partir del 18-10-2019, nos mostraron una gran señal de alarma, de eso hace eco el libro, los PERSONAJES se preguntan cómo es que se llega a dejar de cuidar lo que parecía ser la casa común. Esa pregunta resuena durante toda la lectura.

El 11 de noviembre de 2019 prácticamente en la misma época en que se desarrolla la novela, la cadena de noticias alemana DW publicó un reportaje sobre la destrucción patrimonial que acompañó este continuo de protestas sociales, en él ya se recogen reflexiones como las que ORELLANA formula en la voz de JULIA DELGADO, y que con algo más de distancia [aunque aún se trata de un proceso histórico reciente/fresco], han profundizado, sociólogos, urbanistas e historiadores del arte. Estas voces -como los personajes de “Las cenizas de Noviembre”-, hablan buscando explicaciones, de:

  • Las crisis de identidades únicas y sintetizadoras de la nación, frente a la emergencia de nuevas identidades de minorías históricamente marginalizadas.

  • Los procesos de revisionismo histórico.

  • Y las disputas sobre el patrimonio como una articulación de este con demandas y reivindicaciones tales como mejoras en la educación, contra las élites y contra la reproducción de la desigualdad.

Hay que tener en cuenta que este fenómeno: el de expresar el malestar a través del daño patrimonial o del “vandalismo”, NO tiene un tinte nacional, es una práctica que observamos en otras latitudes. 

Habla Julia Delgado: “Es que sí vives en una ciudad que te agrede de esta manera, no es raro que la gente queme iglesias”.

En entornos de protesta social, se han hecho comunes acciones de apropiación y de resignificación de monumentos públicos, hemos sido testigos [al caminar por las calles, varios años después], de formas de disputa sobre el patrimonio, como muestra muy bien el hilo dramático de esta historia.

Se entrelazan, acciones impulsadas por el deseo de maximizar las ganancias de un negocio, carentes de una aparente ideología [pero que, sin hacer spoiler] SI LA TIENEN, con acciones de impugnación y levantamiento contra edificios y monumentos, dado su simbolismo. 

La acción de causar un daño patrimonial como el que sostiene la historia es puesto en cuestión como herramienta de acción política, y también como una forma de desnudar la marginalización y la exclusión.

Estas acciones, no solo las leemos en clave de ruptura con el pasado sino también una herramienta para criticar el presente, desde espacios de alto simbolismo. Pienso en el personaje de CAMILO ZÚÑIGA, cuya acción queda, plasmada como tantas de esos días en un video de seguridad.

El libro, nutriéndose -me animo a hipotetizar-, de los estudios, la trayectoria y los intereses del autor, nos invita a preguntarnos acerca de si es posible [o no], distinguir entre aquellas alteraciones al patrimonio y a los monumentos que se sostienen en una acción cultural y política que se erigen como una alerta [un síntoma] sobre la crisis y la precariedad del orden sociopolítico, de aquellas acciones puramente vandálicas en la acepción más originaria de la palabra. O en otras palabras ¿puede la protesta RESIGNIFICAR el PATRIMONIO?

El segundo nudo anunciado, se enlaza con lo que los gringos denominan “backstory” o trasfondo, la etopeya, la motivación, el trauma y los conflictos con los que cargan los personajes. 

Cristián Orellana es cineasta, y se nota: tal como lo hace Patricio Guzmán en “Mi país imaginario” de 2022, se aleja de la caricatura a la hora de describir a Memo, Guichi, Andrés y Pipe, quiénes se autodefinen al inicio del libro como parte de primera línea. Lo hace sin caer en la tentación de convertirlos en héroes, pero sí evidencia un propósito: humanizarlos. 

Al leer, uno advierte que ser cualquiera de nuestros vecinos, cualquiera de nuestros alumnos, chilenas y chilenos hijos de una sociedad desbordada. Al igual que CAMILO ZÚÑIGA, han sido defraudados una y otra vez por el sistema, también por el sistema de JUSTICIA, que, en rigor, no ha sido capaz de dar a cada quién lo suyo.

Julia Delgado, Mora, Briceño y Rojas, forman parte de los engranajes de ese sistema, la Fiscal Ávalos también. Conocen sus vericuetos, sus entramados, y se mueven en ellos con confianza [y sobre todo Julia], con una buena dosis de audacia.

El giro narrativo es muy interesante, se aleja de la crónica periodística, para mostrar, como ya lo hizo el “El robo del niño del cerro”, el trabajo detectivesco desde dentro, como quién desenreda una madeja, nuevamente, desde las preguntas que los personajes se formulan y que son en fin, las propias preguntas del lector.

El domingo, tuve una cita musical con Jorge Drexler, como saben vino a presentar su último disco “Taracá”; la penúltima canción del álbum, que sonó igual hacia el final del show, parte con una PREGUNTA [bastante fundamental en estos tiempos], dice:   
“Se preguntarán qué es lo que hacemos cantándole al amor Mientras el mundo se va al carajo.” Y con un ritmo que no me atrevo ni a enunciar en público, la canción se responde:
“Ni más ni menos que nuestro trabajo".

Ese es el espíritu que anima a estos personajes del “establishment”, que como la rueda que sigue girando, o como la orquesta del Titanic, en medio de este caos, siguen haciendo su trabajo.

Pero la canción, interpela más que a operadores de justicia [el gremio más fome del mundo], a los artistas, cuya labor [vuelvo al Drexler] es la de: “mantener los puentes abiertos y cruzarlos canción a canción con el corazón al descubierto”. También este libro, frente a un hecho histórico reciente que friccionó la convivencia, desde la literatura, abre puentes.

Kathya Araujo: sostiene [En el circuito del desapego] que los fenómenos políticos no se explican en clave política, sino que lo esencial para darles intangibilidad es comprender lo que está en juego en la sociedad. Lo esencial es estudiar a la sociedad desde claves sociales, para luego, dese allí aportar a una reflexión de lo que son las tareas actuales de la política.

Queriéndolo o no, ese es, a mi juicio, el mejor sabor que deja Las cenizas de Noviembre.