Ormuz en guerra. Una cartografía de la guerra de Irán

Por Rodrigo Karmy Bolton
El discurso mediático ya construyó un relato verosímil para lo que contemplamos en Irán. No se trata solo que los “ayatollahs” son nefastos por su autoritarismo -relato que no surte efecto- como que asistimos a una “tercera guerra del golfo”, que hay una “guerra con Irán”, que, en último término, se trata de un conflicto aislado entre Estados Unidos e Israel y la República Islámica de Irán. Palestina se invisibilizó, a pesar que Israel sigue amontonando cadáveres palestinos por doquier y que ha asolado a la población del norte del Líbano con nuevas campañas y terror.
La apresurada e irreflexiva izquierda “denuncia” (porque ya no tiene “propuestas”) el intento por parte de Estados Unidos por surtirse del petróleo mundial y entonces representa este conflicto como siempre lo ha hecho: un intento de apropiarse de las materias primas sin ofrecer matices, contextos o preguntas. A su vez, la narrativa de la derecha sionista (porque todas las derechas hoy, no son más que “fundamentalismo sionista”) rápidamente ofrece el clivaje autoritarismo-democracia donde el primer polo se identificaría al islam de los “ayatollahs” cuyo avance “cultural” constituiría un peligro para “nuestros valores” occidentales. De ahí, su sionismo: en base al modelo israelí, es necesario no solo intensificar los dispositivos de seguridad, bombardear y hacer caer al régimen iraní sino montar la escena de una antigua “cruzada” que muestre al mundo cómo se lucha “contra el islam”.
Pero las cosas son mas complicadas que la simple apropiación de “petróleo” o que la mera “batalla cultural”. Ante todo, porque la cuestión iraní hoy no está escindida de la cuestión palestina. Todo análisis debería iniciar en Gaza. Es ahí donde el genocidio no se detiene pues ha funcionado como “laboratorio” para la destrucción de otras zonas densamente pobladas, en Líbano o en Irán (1). Si Gaza es el paradigma, ella no lo es sólo respecto de la forma genocida que Israel pone en juego sino también, y sobre todo, respecto de las formas de resistencia palestinas.
En la actualidad, tanto Estados Unidos como Israel proyectan una verdadera “escatología”, esto es, un discurso orientado al cumplimiento de un nuevo ordenamiento del capital, a la realización de una obra que implica la devastación de los pueblos de la región y el fortalecimiento de la oligarquía de multimillonarios globales que tiene a sus dos empleados (Trump y Netanyahu) haciendo el trabajo que necesitan. Por cierto, se trata de una voluntad imperial -que duda cabe- pero que consiste, en último término, en la mutación del orden internacional que tradicionalmente podía mantener el simulacro del derecho, hacia uno en el que simplemente se regirá por la fuerza.
Pero “fuerza” no es aquí una palabra abstracta. Designa, el único elemento políticamente relevante: el capital. Una fuerza social sin, duda, pero que resulta de un sinfín de técnicas que la producen que le permiten desplegarse, cuyo impulso hoy ha terminado por desbordar totalmente el régimen de representación instituido inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Incluso el sionismo ha dejado la careta de víctima absoluta para mostrarse como victimario total ahí donde acuña la fórmula de los nuevos tiempos: “paz a través de la fuerza”. La mutación imperial, desde su forma financiera globalista hacia su forma financiera fascista, en rigor, es solo un cambio de énfasis que va desde la lógica desterritorializante de la era neoliberal hacia el énfasis territorializante de la mutación sobrevenida sobre el capital. Todos los opresores gozan de su impunidad, y ejercen siempre su poder como excepcionalidad. No hay momento normal, sino intensidades del shock, gradaciones de la fuerza.
A esta luz, no solo se trata de Gaza o de Irán, sino del orden mundial en cuanto tal o, si se quiere, de la asfixia de mundo que nos ofrecen que, posiblemente, puede resumirse en la noción de era “trumpista” si acaso con ese término designamos una atmósfera que instala a la fuerza como el principio rector tanto a las grandes estructuras políticas como a las relaciones cotidianas de las sociedades. Todo yace en excepción, todo reclama su impunidad, su estar fuera del derecho y, por tanto, su imposibilidad de ser imputado por los crímenes cometidos. Este es el contexto general: la emancipación del capital de la mascarada democrática y, la puesta en curso de la “escatología” como discurso de la aceleración contempla el genocidio como un medio para completar su fin, ejerce genocidio es el acelerante épocal que, una vez realizada la tarea, llegará la parusía del fin de los tiempos en la forma del Gran Israel. Para el caso que nos convoca, es menester atender la complejidad del cuadro: la “escatología del capital” ha sido acelerado en las últimas décadas en base a la existencia de 4 grandes proyectos que se yuxtaponen entre sí.

El primero de ellos es el IMEC (India-Middle East-Europe- Corridor), anunciado en septiembre de 2023 en la reunión del G 20 (2). Este consiste en la construcción de un conector ferroviario y marítimo desde Mumbai hasta Haifa que pasaría por los territorios de algunas petromonarquías y Jordania. El elemento clave del intercambio es también la industria de la Inteligencia Artificial entre India e Israel. El segundo, es el famoso canal Ben Gurión, un anhelo israelí desde hace décadas que se alimentó de la guerra de 1956 cuando Nasser nacionalizó el Canal de Suez y la alianza entre israelíes, británicos y franceses no pudieron quedarse con él. Frente a Suez, el nuevo canal debería pasar desde el golfo de Aqaba para desembocar en Gaza y así competir con Suez y superarlo en importancia para la circulación del capital mundial (3). El tercer asunto es el proyecto inmobiliario presentado sin mayor empacho por los multimillonarios en Davos recientemente a cargo de Jared Kushner y donde la idea es convertir a Gaza en un Dubai, una “Riviera” donde los palestinos sino son expulsados, encarcelados o aniquilados, servirán para “trabajar” en paz y armonía en el complejo (4). El cuarto proyecto, remite al descubrimiento de Gas por parte de Israel desde hace unas décadas en las costas de Gaza, donde los yacimientos Tamar y Leviatán han comenzado a extraerlo para venderlo a Jordania y Egipto hace varios años y donde se proyecta la posibilidad de que Israel se convierta en una potencia extractora de gas que, eventualmente, pueda reemplazar a Rusia en surtir a la pobre y vieja Europa (5).
Este pequeño cuadro permite trazar una mínima cartografía de los intereses imperialistas en juego y explica porqué Israel impulsa con fuerza su arcaico proyecto (ya presente desde 1948) del “Gran Israel”: los proyectos en curso implican transformar a Israel en la única superpotencia de Medio Oriente, tal como los defensores del nuevo orden “feudal” parece que así lo quieren. Nueva repartición de la tierra, nuevas anexiones que permitan constituir la fuerza del capital global sin ningún impedimento, sin ninguna restricción. Pero para esto, Israel necesita de un dispositivo de normalización de relaciones: los Acuerdos Abrahámicos (6). Impulsados por la primera administración Trump, dichos tratados apuntan exactamente a promover el intercambio en materias de seguridad y económicas con las monarquías del Golfo, acuerdos que se hallan en suspenso gracias a la insurrección palestina del 7 de Octubre de 2023 que puso un paréntesis a la consolidación de dicho acuerdos que Israel necesita para “normalizar” la región.
Sin embargo, el proyecto israelí de transformarse en la única potencia de la región y consolidar así el Gran Israel como mitología que pivota los cuatro proyectos yuxtapuestos ante señalados, se topa con un problema: que dicha posibilidad solo puede realizarse si arrasa con el pueblo palestino, si conjura la resistencia libanesa (Hezbollah), si determina los destinos de Siria (ya logrado) y si debilita enormemente, lo que más pueda, a Irán. La “tercera guerra del golfo” no es, por tanto, solo una “guerra del golfo” sino una reconfiguración de las lógicas del capitalismo global y la reestructuración total de Medio Oriente bajo el nuevo vasallaje israelí. Para que todos los Estados sean vasallos se requiere terminar con cualquier foco de resistencia. Pero estos focos no surgen de la nada, sino precisamente, del proyecto israelí que intenta imponer la devastación de los mundos a la luz de los proyectos en curso.

Ergo, la contradicción es evidente: Israel solo puede realizar la escatología del capital si acaba con la resistencia, pero, a la vez, ésta última, surge precisamente a propósito del proyecto sionista en favor del resguardo de la materialidad de sus mundos, plenamente amenazados por Israel. Mientras más Israel se potencie, mas devastación producirá en los pueblos que le circundan. En otros términos, la transformación de Israel en potencia regional solo puede darse a través del genocidio, tal como está ocurriendo en Palestina, Líbano e Irán donde los primeros ataques aniquilaron una escuela de niñas en Minab. A su vez, la escatología de la capital impulsada por el sionismo redunda en la “destrucción de la Tierra” -según la acertada expresión de Malm- en la medida que la máquina mitológica sionista que permea al imperialismo occidental en general, está constituida por el capital fósil y la intensificación no solo de la extracción y circulación de hidrocarburos, sino también la contaminación generalizada que produce sobre el planeta (7).
Respecto a Irán el asunto se ha complicado para Estados Unidos e Israel. El cálculo imperialista era que, una vez se asesinara a Jamenei, todo el régimen experimentaría una implosión interna. Sucedió otra cosa: el régimen -que venía debilitado por las protestas internas debidas a la precarización de las clases medias iraníes producidas tanto por las reformas neoliberales implementadas por el propio régimen como por las sanciones estadounidenses- se fortaleció. La presuposición estadounidense-israelí de que quienes protestaban podían favorecer la posición occidental en desmedro de su propio país terminó refutada. Otra vez, tal como sucedió en las revueltas árabes: las protestas no son ni simple incursión “terrorista” (como acusó el régimen) ni impulso “pro estadounidense” (como pretendió el Sha y, seguramente, la camarilla de Netanyahu). Las protestas son un tercer espacio irreductible a las dinámicas de la dominación geopolítica, un “devenir-revolucionario” de los pueblos que se incrustan en las estructuras institucionales y las trastocan, profanan, destituyen incluso.
Hoy Irán está mas cohesionado que antes, aunque su futuro está marcado por la incertidumbre. Bien ha dicho el analista Bassam Haddad que habría que considerar algunos ámbitos importantes a la hora de analizar qué ocurra en Irán (8): en primer lugar, la situación interna iraní, en segundo lugar, el campo de la “batalla regional”, en tercer lugar, la cuestión del sistema energético y financiero mundial, que pasa por Ormuz y, finalmente, la competencia entre potencias que yo marcaría bajo el peso de la mutación señalada: no hay derecho internacional operante como “tácticas” globales entre las potencias orientadas a reconfigurar el espacio geopolítico mundial.
En una breve columna, el analista Mohammed Hashemi subrayaba que, en el escenario del capitalismo global, sostenido en base a una lógica postfordista que requiere de Ormuz como su: “(…) válvula aórtica de la producción globalizada.” (9) El cierre declarado por Irán del estrecho, su certero ataque a las bases militares estadounidenses en territorio de los países del golfo, así como las acciones de las milicias iraquíes, los atentados Huthíes contra barcos israelíes, europeos y estadounidenses por su territorio marítimo y la reaparición de Hezbollah en el sur del Líbano (Hezbollah que Israel decía que había sido debilitado) abren un conjunto de focos que interrumpen la escatología del capital sionista en la región. Irán es un foco más al interior de esta cartografía -quizás el más importante- pero que no puede ser pensado de manera aislada ni sin lo que ha significado Palestina como la punta del iceberg de una multitud sublevada contra la afrenta tanática que plantea el capital.
Por ahora, deberíamos atender a un aspecto que resulta crucial: el tiempo. La multitud sublevada tiene todo el tiempo del mundo, Estados Unidos e Israel no: la presión de las monarquías del Golfo para normalizar la situación, sea para realizar los proyectos en curso e impedir la sublevación al interior de su propia población; la presión interna al propio Trump con un MAGA que ha comenzado a criticar la extensión de la guerra y su política en Medio Oriente (en la medida que ve que está movida por el lobby israelí) y las elecciones en el próximo mes de noviembre donde el mandatario tendrá que enarbolar algún triunfo de todo esto, y la presión del sistema financiero global sobre los precios del crudo que impactan directamente la economía cotidiana de las poblaciones. Irán tiene todo el tiempo del mundo (incluso Rusia ha comenzado a vender crudo a los EEUU por lo cual, ha sacado ganancia de la guerra en favor de Irán), EEUU e Israel no. Esta es, por ahora, la ventaja de los más débiles, de los que han sido amenazados de muerte por la intensificación del capital y sus nuevos proyectos que pretenden erigir a Israel en la gran potencia regional como una pieza más en la repartición global de la Tierra.
La administración del tiempo requiere de sabiduría. Ha de ser luminosa sino quiere desesperar. Quizás, no sea casualidad que el estrecho en cuestión, lleve por nombre Ormuz (Ahura-Mazda), la deidad persa de origen zoroastriana, Dios de la sabiduría, la luz y el orden cósmico. Acaso , sea justamente ese orden el que parece haber sido quebrado y el orden que, en sus diversas formas, los sublevados, pretenden restituir.
[1] https://www.aljazeera.com/opinions/2026/3/26/as-a-palestinian-i-stand-in-solidarity-with-the-iranian-people-heres-why
[2] https://www.aljazeera.com/news/2026/2/26/india-israel-axis-what-are-the-imec-corridor-i2u2-grouping-modi-spoke-of
[3] https://www.middleeastmonitor.com/20250917-gazas-genocide-the-ben-gurion-canal-and-the-politics-of-reconstruction-erasure-by-design/
[4] https://www.bbc.com/mundo/articles/c5y33yv2ldjo
[5] https://www.obela.org/analisis/Gas-Leviathan-Guerra-Gaza
[6] https://2017-2021.state.gov/the-abraham-accords/
[7] Andreas Malm. La destrucción de Palestina es la destrucción de la Tierra. Ed. Lom, Santiago de Chile, 2025.
[8] https://www.jadaliyya.com/Details/47231/How-Might-the-United-States-and-Israel%E2%80%99s-War-on-Iran-Fail
[9] https://www.aljazeera.com/opinions/2026/3/27/the-strait-of-hormuz-is-not-just-an-oil-chokepoint