Construir en tiempos de destrucción. Una lectura de "Plan Cóndor. Viejos secretos y nuevos hallazgos" de Francesca Lessa y Sebastián Santana
Por Istvansch*

“El terror transnacional se nutrió de todos los recursos, tanto militares como civiles, que los Estados miembros tenían a disposición”, dice el texto que acompaña una ilustración que también espanta: de brazos cruzados sobre un escritorio, un militar sentado pero enhiesto, tiene por cabeza múltiples cabezas de cóndores. La pluma en tinta negra, con trazo rápido y nervioso, se clava en la idea de ave de rapiña como símbolo de lo macabro.
Es que Plan Cóndor. Viejos secretos y nuevos hallazgos, es un libro que habla de esa multiplicación de cabezas carroñeras en cada país latinoamericano en que ese plan transnacional perverso se ejecutó, persiguiendo, reprimiendo, robando, matando y desapareciendo.
Es necesario ubicarse históricamente antes de reseñar la obra.
Si bien fue oficialmente fundada en 1974, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) ya actuaba desde el año anterior. Estando integrada por bandas paramilitares clandestinas que ejecutaban secuestros y asesinatos, siguió su accionar coordinada por “El Brujo” José López Rega, ministro de Bienestar Social durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón.
Incluso sumergida en esa violencia, Argentina seguía estando bajo un gobierno de origen democrático, lo que la convertía en la excepción del Cono Sur al estar literalmente rodeada de dictaduras. Esta singularidad llevó a que el país parezca buen refugio para quienes huían de la represión militar de cada uno de los otros países limítrofes.
A comienzos del año 1974, y si bien sus agentes ya actuaban de forma clandestina fuera de sus fronteras nacionales, altas jerarquías policiales de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay hicieron cumbre secreta en Buenos Aires, para intercambiar información y conocimiento sobre los grupos disidentes de sus respectivas naciones.
Esa reunión profundizó el plan de secuestro, tortura y asesinato extrajudicial en la región, y terminó de consumarse con la instalación formal del Plan Cóndor a fines de noviembre de 1975.
Argentina, aquel país rodeado de dictaduras que había resultado Meca de asilo y refugio para perseguidos políticos, devino en trampa mortal gracias a este plan de espanto, sobre todo luego del golpe militar de 1976.

El libro es la brillante consumación editorial de la necesidad de conservación de la memoria de esa parte, tan triste como terrible, de la historia reciente latinoamericana. También impera decir que es parte de un cuerpo más amplio y de gran organicidad: la web plancondor.org, contexto en el que se recomienda vivamente leerlo (no obstante, es una obra que se lee autónomamente sin ninguna dificultad).
Todo parte de los estudios de la académica italiana Francesca Lessa, profesora de la University College de Londres, en donde se enmarca un proyecto mayor, que incluye todo lo mencionado y más, llamado Plan Condor (que también integran organizaciones del Cono Sur que investigan el tema).
Lessa invitó a Sebastián Santana, artista uruguayo-argentino, a colaborar ilustrando las piezas audiovisuales Juicio al Condor: 1. Memoria, Juicio al Condor: 2. Justicia, Juicio al Condor: 3. Verdad (presentes en la misma web plancondor.org, imperdibles para toda persona interesada en el asunto), y la alquimia que funcionó llevó al nacimiento de la dupla autoral para llevar a cabo el libro.
La web puntualiza los objetivos del proyecto macro: “En un contexto político e histórico definido por el retorno de tendencias autoritarias en América del Sur como en otros continentes, este proyecto tiene tres objetivos: 1. Recopilar información previamente dispersa sobre Plan Cóndor en un sitio web único y de acceso abierto. 2. Difundir conocimientos y sensibilizar respecto a prácticas pasadas de la coordinación represiva de una manera accesible. 3. Generar herramientas de conocimiento y difusión que permitan aportar a los esfuerzos existentes de búsqueda de verdad, justicia, y reparación para contribuir a prevenir la repetición de delitos similares en el futuro”.
El libro cumple con creces los objetivos, de manera didáctica y contundente, convirtiéndose no solamente en una de esas “herramientas a generar” que el plan se propone, sino siendo un objeto de arte en sí que –en toda su exquisitez estética y gracias a un lenguaje claro, con conciencia de cómo el discurso divulgativo debe expresarse–, tiene la habilidad de llegar a cualquiera.
Los capítulos son doce, más un “Epílogo abierto”, cada uno es una secuencia muy estratégicamente pensada, que resume parte de la historia. Quien lee es llevado tanto a través del horror de la descripción de aquellos años funestos, como de las búsquedas de justicia con las llegadas de las democracias, y las esperanzas y desesperanzas que conllevaron las idas y vueltas de leyes y “contraleyes” que condenen a los genocidas.
El camino de la lectura es duro por lo inimaginable de semejante plan de maldad organizada, pero de la mano de la escritura de Lessa se hace fácil de entender (ciclópea tarea: no debe haber sido nada fácil hilvanar, con tal don de docencia, tanta y tan completa y compleja información).

Las ilustraciones de Santana plásticamente están en la línea de su multipremiado y traducido en varios países Mañana viene mi tío, inscripto en el mismo camino al tratarse ya de un clásico de la literatura infantil de imágenes, sobre el tema de las personas desaparecidas. Tanto en esta obra como en la que ahora nos convoca, y tal como en la imagen descripta al principio (aquella del militar con múltiples cabezas carroñeras), el plumín en blanco y negro se desliza por todas las páginas, haciendo que el libro se acerque estéticamente a una novela gráfica de no-ficción… Aunque no lo es, pues estamos ante la presencia de una rara avis editorial, un inclasificable en donde el “texto visual” está a la par (y con igual peso) que el texto escrito. En el laconismo del trazo los dibujos fundan tanto su capacidad expresiva como su estética, tan desgarradoramente visceral como nítida y precisa en su legibilidad.
A nivel objeto de arte, podría considerarse una especie de performance gráfica, más cuando se sabe que tanto los cientos de bocetos como los originales de los dibujos, están hechos en 42 cuadernos iguales (sí, cuarenta y dos), de hojas lisas y tapa que en su diseño emula aquellas de color sepia jaspeado, con rectángulo central que enmarca, cual rótulo, un título que se escribía a mano… tapa típica de aquellos viejos libros de contadurías… y comisarías.
Dos puntos y aparte a propósito de objetos de arte y bocetos previos.
El primero es la búsqueda iconográfica, que Lessa aportó a partir de su investigación académica, por un lado, pero que por otro lado y luego, Santana (sin dudas tan nerd obsesivo compulsivo como su coautora) se ocupó de hacer crecer. La síntesis de la línea, ergo, de ninguna manera implica rapidez al tuntún, el libro cuenta con decenas de retratos e imágenes de locaciones en distintas ciudades de América, que se notan recreados de fuentes fotográficas extremadamente difíciles de hallar. Así, es inenarrable la cantidad de trabajo que cada dibujo tiene por detrás.
El segundo punto y aparte es la tan cuidada edición de LOM (editorial chilena que llega a Argentina de la mano de distribuidora La Periférica), y el diseño gráfico, basado en el trabajo de Gabriela López para la edición uruguaya, que con enorme habilidad logra un decurso tan armónico como elegante en el paso de páginas que implican para quien lee, siempre, el desasosiego ante la comprobación de la existencia del Mal organizado. Las carátulas de capítulos en negativo, con letras y dibujos en blanco sobre un fondo negro que ocupa la doble página, funcionan como mojón que invita a tomarse el tiempo antes de pasar a un nuevo núcleo de información fuerte. El permiso de grandes espacios blancos, e incluso de dobles páginas con apenas texto o sólo imagen, ofrecen tanto descanso como invitación a detenerse y reflexionar antes de seguir.

En estos tiempos negacionistas, en donde en nombre de una pretendida “batalla cultural” las ultraderechas parecen querer arrasar con toda sensibilidad social, destruir la Historia a fuerza de tergiversaciones y la información a golpe de fake news, libros como Plan Cóndor. Viejos secretos y nuevos hallazgos se convierte en auténtica manifestación cultural. Hito necesario en cuanto bien social, bienvenido fertilizante en la construcción comunitaria, y oasis desde el que resistir, para quienes nunca dejaremos de llevar bien alto las banderas de Memoria, Verdad y Justicia.
*Istvansch (Istvan Schritter, Madrid, 1968. Vive en Buenos Aires). Ilustrador, diseñador y escritor. Ha publicado libros en varios países. Entre otras distinciones recibió la primera mención del Premio “Utopía Latinoamericana” en Colombia, el primer premio Octogonal de Honor 2004 (CIELJ-RICOCHET, Francia), Lista de Honor de IBBY 2016, el premio Pregonero de Honor 2022 (Fundación El Libro, Argentina) y, en diecisiete ocasiones, libros suyos fueron incluidos en la Lista de Honor de ALIJA. Candidato al premio Andersen 2002 y 2004 y al premio Astrid Lindgren 2017, 2018 y 2019. Sus investigaciones en el campo de la ilustración lo han llevado a dar clases y a escribir artículos para revistas especializadas nacionales e internacionales. Sus reflexiones están reunidas en el libro La otra lectura. Las ilustraciones en los libros para niños.